El silencio en la montaña

- Mujer! ¿cómo están los güilas?
- Bien, se nos cayó el rancho pero yo andaba con la menor recogiendo la ropa y el otro salió corriendo.
- Bueno...seguí ahí directo que en la plaza hay bastante gente, el hijueputa estuvo fuerte, y no vi a la doña, debe estar esperándome. Andá rápido antes de que se venga otro.

Y él siguió su camino, como siempre llevaba la cutacha, la soga, la bestia y el perro los había dejado media hora antes. Sus pequeños y cansados ojos no podían creer lo que el día le estaba dejando, grietas y derrumbes, el camino de treinta años se fue al fondo del guindo, su respiración estaba agitada y sus piernas tensas por no poder caminar más deprisa.

- Marcial, Marcial, guevón vení!, qué pasó?
- Señor que fue un terremoto, la soda y todos los que estaban almorzando se esbarrancaron dicen que jue en el Poas y que se murieron dos chiquitas por el lado de Fraijanes.
- Y vos de donde venís? No viste a Ana?
- No, no, patrón. Pero el monte sonó feo, como que se rajó algo.
- Bueno guevón vaya con sus hermanillos que están en el pueblo.

Ya son las tres y media, han pasado dos horas de caminar y está frente a lo insólito, la pequeña cuesta para subir a su casa desapareció, todo es un mar de árboles caídos y tierra que rodó. No se divisa dónde estaba su casa.

En la plaza hay muchas lágrimas, y risas nerviosas. De pronto llega una familia, ora otra, y se dan apoyo y cuentan lo que saben. El radio y los dos guardias rurales son la única comunicación que tienen con el exterior. Dicen que se dañó la Iglesia, pero ya no queda nada, solo queda sentarse en el zacate a esperar.

- Ay Dios mío otro! Señor ten compasión! Exclama una de las señoras ante otro nuevo temblor. Las caras palidecen con cada vibración, el frío viento de las seis anuncia una larga noche.

Él cerró los ojos, se arrimó a un almendro caído, y no pudo más...con sus manos empezó a escarbar, esperando que la tierra le devolviera a Ana de la misma forma en que se la había llevado...

Han pasado cinco días, la sangre que brota de los cayos de sus manos se mezcla con la tierra de la pala, junto con los hombres del pueblo siguen buscando, en silencio.

******

Cómo transmitirle un mensaje de esperanza a quién perdió su espiritu de vida? Que cuatro paredes y un puño de arroz y frijoles eso se consigue, pero aquello intangible, la paz, la serenidad, la respuesta a un Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado?


-

9 comments:

Amorexia. said...

Lástima mi amigo, que esta historia no se trate de ficción, que haya tantas Anas esta vez.

Nos levantaremos, algunos tendrá que cargar con sus muertos, para no olvidar, para nunca olvidar. No es moda, no es hoy, esto es asunto de todos, pero nos levantaremos!

gama said...

Dificil momento. El tiempo y nuestra colaboracion paliaran un poco el dolor.

Atina said...

Ay no.... que tristeza por dios... :'(

delfin en libertad said...

Aunque sea terrible y angustiante la situación, me gusta la forma como describes y empleas el vocabulario, muy nuestro, de forma muy sutil, debemos fundirnos todos en un pensamiento positivo y ayudar. Saludos.

Mr. Melcocha said...

ah pucha, la verdad quedó demasiado bueno!! me hubiese gustado en serio que solo fuese ficción

el mae del bajo said...

muy dura esa realidad.... concuerdo con melcocha

*°·.¸¸.° Heidy °·.¸¸.°* said...

Ay....
No sabes lo que me hiciste sentir.

Tengo una lágrima que no sabe si quedarse oculta o salir.

Dura realidad!

andrés said...

Como decia en otro lado, no creo que seamos capaces de sanar sus heridas, la perdida de familiares, su s hogares y vidas pero al menos podemos decirles que no estan solos, que no los vamos a dejar solos y que juntos, como pueblo, saldremos de esta.

Saludos mop

El Compilla said...

Nos levantaremos...esa frase me gusta. Tambien me gusta creer que no estamos solos, así saldremos de la tierra que nos cubre y nos ahoga, misma tierra que nos dió vida y nos vio crecer.