Reflexion sobre Haiti - de don German Retana

¿Sólo en Haití?

La reacción ante las desgarradoras imágenes que observamos en la televisión, no se compara en nada a la experiencia de quienes han vivido el terremoto en Puerto Príncipe. Por más impactados que nos sintamos, siempre quedaremos muy lejos del dolor físico, el hambre, el sufrimiento emocional y la angustia de los hermanos haitianos. ¿Qué tal si rescatamos de los escombros algunas lecciones de vida?

Con solo mirar cinco minutos los reportajes sobre esta tragedia, podemos cuestionarnos "¿de qué tamaño son nuestros problemas actuales comparados con los de ellos?" No se trata de ser conformistas ni simplistas, sino de poner en perspectiva la exagerada importancia que, a veces, le damos a situaciones insignificantes que padecemos. Sin referencias como las de Haití, podemos caer en la trampa de la quejadera por pequeños desajustes que saltan en el camino.

De igual modo, hay equipos que convierten en complicado lo sencillo y se entrampan en comportamientos improcedentes, producto de que sus miembros dan demasiada jerarquía a lo superficial y superfluo.

Ver los forcejeos por hacerse de una botella de agua o algún alimento, no hace reflexionar en las piñatas competitivas que a veces tenemos en las organizaciones disputando recursos que sobran, como los conocimientos, el prestigio y el poder.

La inesperada, violenta y angustiosa muerte de tantos seres amados invita a evaluar cuánto apreciamos compartir cada día, en vida, con quienes nos rodean en el trabajo y en la familia. La mirada enrojecida de miles de haitianos que entierran o buscan angustiados a sus hijos, padres, hermanos, nos exhorta a revitalizar el aprecio por los demás, la manifestación del afecto y el privilegio de tener amigos con los cuales se pueda contar.

Quedarnos en un instante solos y sin lo esencial, como el agua, electricidad, techo, telecomunicación, y alimentos, nos obliga a valorar lo que tenemos, pero sin apego; a no definirnos por la dependencia de lo que tenemos, sino por lo que somos. Quienes hemos visitado Haití sabemos de sus limitaciones materiales, y ahora los efectos del terremoto, son un curso intensivo para valorar tantos recursos valiosos que ni siquiera apreciamos porque creemos que jamás nos desprenderemos de ellos. Solemos estar más pendientes de lo que no tenemos que de lo que poseemos y por eso a veces somos pobres en actitud.

Además de la solidaridad material con el hermano país, debemos hacer homenaje a quienes han partido, y la mejor manera es reflexionando sobre lo que nos enseñan para que dejemos de sobrevivir y empecemos a vivir. Así habrá, no solamente en Haití sino también en nosotros mismos, la fortaleza para levantarnos siempre de nuevo por encima del dolor y con la esperanza intacta.


GermanRetana.com, Firma

Foto de The Big Picture con fines ilustrativos


3 comments:

Terox said...

De verdad que la mayor parte del tiempo uno pasa por alto lo verdaderamente importante y se muere por lo intrascendente...

andrés said...

Men estamos de acuerdo, no ponemos en perspectiva a los problemas y nos desesperamos y hundimos por lo que no tiene sentido.

Creo que es parte de la naturaleza humana que aun debemos mejorar. Estamos hablando de aspectos similares en el blog y me parece que lo sucedido en haiti es una excelente oportunidad para hacer una pausa y refleccionar sobre nuestras vidas.

Roy Jiménez Oreamuno said...

En verdad a veces nuestras prioridades están equivocadas, por eso aprecio tanto amar a mi familia y a mis amigos al máximo día a día, con mis actos y en mis oraciones.

De este excelente articulo lo que podría decir es Amén… así sea.
Saludos