Mi Barrio, ciudad y país

Hasta los 5 años viví en el barrio los Angeles en el sur de la capital, iniciaba la década de los 80s y pronto abandonaríamos San José para vivir en la entonces lejana ciudad de Santo Domingo. Ahí vivía la familia de mi papá y gracias a un crédito de la Caja, donde trabajaban mis padres, se construía lo que sería nuestro hogar en un lote que mis abuelos paternos nos habían cedido.

De San José recuerdo con especial cariño hacer los mandados con mi abuela. Mi abuelo trabajaba en su propio negocio y salía temprano todo los días hacia el Paseo Colón donde estaba su oficina, por lo que inmediatamente después tocaba que alguno o los nietos en casa acompañáramos a la abuela en sus mandados.

Cruzábamos la calle y era obligatoria la parada en el puesto de tablones verde claro que vendía frutas y verduras; verdurería en ese entonces aunque el corrector diga lo contrario. Ahí coincidían varias señoras del barrio y después de los saludos del caso y la conversa continuábamos a la carnicería que estaba a la par; donde el carnicero al igual que el verdulero eran viejos conocidos. Con la carne envuelta en papel periódico continuábamos la ruta que podía incluir el banco o lo peor que me podían hacer; que era ir a comprar telas o bien sentarme en la tienda La Gloria mientras mi abuela buscaba botones o revisaba aquellos libros gruesos llenos de patrones.

Ciertamente eran tiempos particulares, formábamos parte de una amplia clase media que se empleaba en el Gobierno o bien de forma sencilla podía emprender un negocio y llevar una vida satisfactoria. La solidaridad nacía, no se pedía, y en un ambiente de confianza a todos parecía importarnos lo que ocurría en nuestro barrio, ciudad y país.

Con la muerte de mi abuela y la mudanza de mi abuelo se perdió el vínculo con el Barrio, sin embargo cuando por alguna razón paso frente a la casa, es inevitable que el ausente brillo de las lajas de la pared traiga miles de recuerdos; que invaden mi mente en esa fracción de segundo que transcurre antes de que me pite el de atrás.

30 años han pasado y cada vez que paso por el Barrio me pregunto qué sucedió, no se supone que debíamos avanzar hacia algo mejor? es este el camino? No quiero ser neofatalista como dicen por ahí, pero las ruinas del Barrio parecen decir otra cosa.

Ahora estamos cada quien por su cuenta, nos medimos como individuos y no como sociedad, vivimos el ahora buscando atajos para llegar a nuestros 15 minutos de fama, la forma no el fondo, qué tengo en lugar de quién soy y somos. El hoy, el futuro no importa, norte? para qué? mejor no pregunte y viva.

Bastante insostenible para mi gusto, lentamente perdemos el brillo al igual que las lajas y aquel viejo Barrio, ciudad y país no será más que un recuerdo enterrado por aquellos que no se detuvieron a preguntar qué estaba sucediendo.




3 comments:

Roy Jiménez Oreamuno said...

Nuestros barrios eran bellos, no solo por su arquitectura, sino por ese calor humano y como bien dicen esa solidaridad con los demás. Hay ciertos barrios que se quedaron atascados en el paso del tiempo y no prosperaron. Eso lo veo en barrio México, es como viajar en la nave del tiempo y volver al pasado.

Saludos

Terox said...

Puta, no sé si a todos nos pasa, cuando nos ponemos viejos, pero juraría que antes era mejor... menos cosas chinas, sin internet ni celulares, pero mejor...

Barqueritos said...

Roy, Terox gracias por darse la vuelta y saludos!